Parafraseo a mi querido Eduardo en el título de este artículo, porque no se puede resumir mejor un momento de la vida que no sabes ni cómo adjetivar.

Este año del resurgir de la paranoia, de la conspiranoia, de las teorías más absurdas, de los malos rollos esos que se guardan bajo la alfombra y de golpe PUM; de la gente que no pensabas que estaba y está más que la que tiene que estar, de las estafas emocionales que no creías capaz de padecer y te tocan, de la gente que te gana y la gente que te falla…

Hay años de catarsis y 2020 está siendo LA PUTA MADRE DE TODAS LAS CATARSIS alargada en el tiempo en una especie de bucle espacio temporal que parece no tener un fin. Nadie se aventura a definir cuando llegará ese final.

Un año de DESPERTARES, de darse cuenta de la valía personal, de decir: ¡Eh! que yo no quería verme así y caminar por aquí y ahora que la vida me frena por narices, debo hacer algo al respecto. Un año de volver a la esencia de lo que uno es más que nunca y dejar a un lado el ruido de lo que otros creen que deberías ser y tomaste como idea propia.

Y en medio del ruido y de la marea que nos lleva allá donde no queríamos estar, encontrar momentos fascinantes y de golpe sentirse más querido que nunca y por quien menos lo esperas. De sentir que las personas en las que confías, confían en ti y te hacen sentir especial e importante por ser quien tú eres y por ser como eres.

Porque no podemos cambiar las cartas que nos han repartido pero si podemos intentar jugar esta partida de la mejor manera y sacando a relucir ese instinto animal que todos tenemos, que nos ha valido para sobrevivir y que nos manda los pálpitos necesarios para seguir fieles a nuestra naturaleza.

Ese año…

Ese año en el que no se pueden hacer planes y nos encantaría poder hacerlos. Ese año en el que nos gustaría poder abrazar, amar y sentir en libertad y la vida nos dice: ahora te toca esperar porque hay un orden que está por encima de todo.

No estar preparado para ver morir miles de personas y ver morir a familiares, amigos y parientes de tu familia elegida. Ser capaz de ver como se crea un estado de sitio y verte privado de tu libertad por un enemigo más potente y terrorífico para ti y para los que te rodean que el peor que ha podido aparecer en tus peores pesadillas. Ver como además, la mierda de gente de la que llevas renegando media vida aprovecha todo esto para seguir haciendo su juego sucio de mierda, quedando aún más patente si cabe, por qué estás en el lado correcto.

Cuántas cosas no habrías hecho hace apenas unos meses si hubieras sabido que todo esto nos vendría encima, ¿sí o no?

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