Estaba enfrascada en la lectura de ‘El libro de la risa y el olvido’ de Milan Kundera. Después de haber leído ‘La insoportable levedad del ser’ hace mil años, me encontré con una cita de este libro y lo compré con mucho ánimo, esperando encontrar una joya.

La realidad es que el libro es un poco extraño a nivel narrativo. Salta de una historia a otra, pasando del punto de vista de varios personajes a las vivencias del propio Kundera. Todas estas historias, enmarcadas en la Bohemia de entre 1948 y 1975.

Lo cierto es que aun ante la rareza de la estructura del libro, me estaba gustando leerlo e iba a un buenísimo ritmo para tener la crítica lista esta semana, pero a veces pasa que encuentras algo que no terminas de encajar y te produce rechazo.

En este caso, es la narración directa de Kundera, de las ganas que tiene de ‘violar’ a una amiga suya a la que tiene delante, que además de ayudarle, está muerta de miedo porque la policía la vigila por encubrirle. Me choca tanto leer esto que vuelvo a leer pensando que no estoy ‘pillando’ el tema de forma correcta.

Aun con todo le sigo dando una oportunidad y continúo leyendo confiada en que ha sido algo puntual. Avanzo en otra historia diferente a esta última, y desemboca en una reunión de poetas y escritores en los que hablan de las mujeres como «histéricas», con un tono paternalista y machista terrible y de nuevo aparecen connotaciones de intentos de sexo forzado.

Sigo adelante leyendo, hasta que he llegado a un punto de nuevo de violación a otro personaje por parte de unos niños, en una especie de paranoia muy sexualizada y he cerrado el libro antes de acabarlo, literalmente ASQUEADA.

No significa que no pueda entender que dentro de una historia pueden ocurrir cosas terribles e injustas. Es que creo que en general todo el libro es una paja mental terrible del autor que está obsesionado con ciertas cosas que me resultan un tanto enfermizas. Al menos así lo he percibido yo y he leído cosas más duras que esto.

Mi querida Mabel tiene razón y a veces no pasa nada por cerrar un libro y no acabarlo. Esta especie de obra que Kundera afirma haber organizado como lo están las variaciones de Beethoven (su padre era un gran apasionado del compositor), ha sido un fiasco.

Aún así, debía este artículo sobre el libro y aquí está. A veces encumbramos a algunos autores por haber leído una buena obra y luego puedes descubrir que no es para tanto o incluso que el autor ha pasado a caerte mal.

Dejo por aquí la locución de uno de los pocos fragmentos que destaco del libro:

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