Está instalado en lo más profundo de tu mente cuando eres una persona perfeccionista y buscas siempre la excelencia en lo que haces. Es un enemigo en la sombra, siempre dispuesto a boicotear todo lo bueno y grande que hay en ti y en lo que haces. Porque además la sociedad en la que vivimos se lo pone muy fácil.

síndrome del impostor by Helens digest

Te martillea la cabeza la misma cantinela: por qué no hiciste aquel máster, quizá hoy podrías estar en un trabajo mejor; por qué decidiste ese camino y no el otro que era el que realmente te motivaba; por qué dejaste de estudiar aquello, si no lo hubieras dejado hoy serías un experto en el tema; por qué no eres más ocurrente o escribes mejor o hablas mejor o…

Miles de mensajes confusos y muchas veces incoherentes pero que a tu cabeza le vienen de perlas para el auto machaque.

Muchos leeréis esto y no os lo explicáis, pero sé que muchos otros os veis más que reflejados, porque la cabeza tiene mecanismos torticeros para motivarse o vapulearse. Se puede pensar que no es una actitud muy inteligente, pero creo que no tiene nada que ver con el cociente intelectual. Creo que se mezclan muchas motivos pero la realidad es que el llamado «síndrome del impostor» nos acompaña a muchos en varios momentos de la vida o se instala definitivamente como forma de vida.

En este artículo, Paula Martíns lo explica a la perfección, con claras referencias históricas y ejemplos de personalidades de todos los ámbitos que lo sufren. Por ello me centraré en cómo hago frente yo a esos arranques de inseguridad personal.

Lo primero que puedo deciros y espero que os sirva no solo para vencer a este síndrome en lo laboral, sino en todo lo demás es que NO PODEMOS GUSTAR A TODOS. Y está genial que sea así, no hace falta agradar a todos: a tu empresa, a tu familia, a tu pareja, a tus amigos… Sobre todo porque uno tiende a olvidarse que al que hay que agradar primordialmente es a uno mismo. Si no te agradas, haz algo para que esa sensación cambie, pero nunca intentes agradar a todos porque acabarás drenado y perdido.

A veces se nos olvidan nuestros logros y méritos, porque estamos demasiado inmersos en una realidad que no nos agrada o porque nuestra autoestima está bajo mínimos (ya sea porque es una constante en nosotros o porque nos han ocurrido cosas recientemente que nos han dejado tocados). Es bueno hacer una lista de nuestros logros laborales y personales y cuanto más detallada sea mejor. Si tienes un diario, no está de más echar un vistazo atrás y ver la cantidad de cosas que hemos logrado. Créeme que son muchas más cosas de las que crees.

Habla con la gente que te quiere bien y pregúntales sinceramente qué opinan de tu trayectoria personal y laboral. Estoy segura de que te sorprenderá para bien la visión que tienen los demás de ti y de lo que has conseguido en la vida. Cuando somos muy críticos con nosotros mismos y perfeccionistas enfermizos, tenemos una visión muy distorsionada de lo que somos y no está de más obtener una visión de nuestra vida desde otro prisma. Esto nos reforzará y nos ayudará a recordar esos logros que apuntar en la lista que comentaba anteriormente.

Evita compararte con otros. Esto es de todo lo que comento en este artículo, sin duda alguna lo más complicado. Tendemos a ver las vidas de los demás de una manera idealizada y distorsionada porque no conocemos a fondo los problemas y vicisitudes que sufren (también las sufren y muchas veces el precio que pagan algunas personas por el éxito laboral y personal es muy grande). Es muy tentador compararse pero es muy muy dañino, porque cada persona tiene unas virtudes y valores diferentes y podemos llegar a hacer cosas maravillosas con ellas. El hecho de que no hayas logrado ciertas cosas que ves como ideales hasta este momento presente, no significa que no puedas llegar a lograrlas, o por lo menos lograr un estado de satisfacción mayor aunque no sea concretamente a través de los logros que anhelas.

Porque hay que ser sinceros y es posible que no logres ciertas cosas que te encantaría lograr, pero puede que llegues a otras y descubras que te hacen igual de feliz o más que aquellas que idealizaste.

Si sientes que hay cosas en tu vida que no has hecho o que tomaste un camino laboral equivocado pensando que eso sería una forma de ser feliz y ahora, a tus tai tantos años, te das cuenta de que no es así (o al menos hoy por hoy ya no te vale), establece un plan y empieza a abrir un pequeño camino hacia lo que te hace feliz y ese camino tarde o temprano se ampliará. Prepárate en todo aquello en lo que creas que andas cojo y sobre todo, intenta no desesperarte pensando que ya es tarde o que no va a cambiar nada.

Para concluir, puedo decir abiertamente que en varios momentos de mi vida me he sentido una impostora y conseguí con trabajo y convencimiento vencer esa sensación. Sin duda la cabeza es como es y esa sensación vuelve aún de forma intermitente, pero lo positivo es ser consciente de ello y cortar el bucle antes de que se instale más tiempo del necesario en nuestra realidad.

Ninguna vida es fácil y todos nos encontramos con momentos complicados, pero se puede dar un giro completo a todo lo que no nos gusta si se tiene el convencimiento y la insistencia suficiente.

 

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