El más complicado, el de romper el hielo, el que más cuesta y el que seguramente llevas pensando durante días para afrontarlo con dignidad, elocuencia y sin caer en un truño infumable…

Pues aquí está, ha llegado en este domingo asfixiante en todos los sentidos. 

Que uno haya nacido en pleno mes de agosto no le hace un especial amante de los veranos. Esta es sin duda una verdad que se confirma para mi cada año. Yo soy del otoño. El verano me irrita, aunque deba reconocer que las noches de verano son lo mejor…

En honor a la verdad, diré que los veranos se me atragantan, porque casualmente han sido los momentos de catarsis de mi vida. Este tramo del año es en el que casi siempre tomo decisiones transcendentales y eso a veces conlleva dolor, angustia, malestar… Que nadie dijo que, no querer acomodarse, fuera ni fácil ni agradable, pero es la única forma de sobrevivir a una vida de mediocridad. Y la vida ya me ha dado suficientes muestras de que había que empezar a moverse.

Sobrevuelo sobre los propios planes con cierta sensación de que «puede que si o puede que no», porque el nuevo orden mundial lo marca una pandemia y esto de hacer planes a medio-corto plazo se ha convertido en una suerte de juego de azar en el que nunca sabes qué cartas te tocarán. Aun con todo, algo que seguro seguro se mantendrá es este blog y lo demás «ya se verá».

No es ningún pecado ser realista, creo que a día de hoy es una necesidad…

Deseando salir de esta ciudad y al mismo tiempo, con el temor de que eso me cueste la salud. Esta situación tan surrealista que nos está pasando tanta factura, aún no la tenemos ni asumida ni integrada y creo que aún nos queda por ver mucho. A los que valen su peso en oro, demostrar aún más que lo valen y a la mala gente, revolcarse en su fanguito aún más y mostrarnos por qué algunos decidimos ir por libre.

Helens Digest

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