Luchar con tu propio cuerpo en Helen's DigestHay personas que nos pasamos media vida o la vida entera, más bien, luchando contra nuestro propio cuerpo. Somos de esos que siempre envidiamos a los que tienen un metabolismo maravilloso y no engordan ni queriendo. Somos de los además amamos la buena vida, pero tenemos que estar contando cada santa caloría que nos echamos a la boca.

Os diré algo: es agotador. Es una tortura constante el estar limitándose, el estar disfrutando increíblemente al comer algo y al mismo tiempo estar sintiendo una culpa profunda y dolorosa por hacerlo. Te vuelve una persona llena de culpabilidad por el placer y esto, se extrapola a otras muchas cosas en la vida. Acabas siendo una persona con un profundo sentimiento de culpabilidad por el disfrute.

Es mirarse en un espejo y no dejar de pensar en si no deberías haber comido aquel último trozo de lo que sea, es sentir una inseguridad tremenda incluso al hacer algún deporte o actividad en la que esté envuelto nuestro cuerpo. Y como suele pasar en estos casos, que esto nos lleve a no movernos con libertad, a dar la sensación de que somos torpes o que no sabemos muy bien qué estamos haciendo.

Y todo esto lo enmarcamos en una sociedad en la que la gordofobia está a la orden del día, en la que se educan a los niños para insultar con referencias a los físicos de las personas y en la que las tallas que van más allá de una 44 son tallas curvi, tallas grandes o directamente formen parte de un apartado «especial» dentro de una marca.

Pero eso no queda ahí. Vivimos rodeados de productos ultraprocesados atestados de harinas, almidones, azúcares, lactosa y otra gran variedad de porquerías que no tendrían por qué estar de base en muchos alimentos y la mayor parte de las personas ni miran los etiquetados.

Así que nos venden que hay que ser uno mismo y estar orgullosos con nuestro cuerpo y al mismo tiempo la industria alimenticia está repleta de cosas que nos provocan graves problemas de salud y sobrepeso y que derivan en problemas de autoestima gravísimos. Y la publicidad en televisión no fomenta una alimentación real y saludable, sino todo lo contrario.

No sé si esto se pasa con los años, si algún día todo esto me importará un comino, pero por lo pronto decidí desde hace casi seis meses, comer lo más saludable posible. He eliminado de mi alimentación el azúcar por completo y me limito a comer alimentos básicos (carne, pescados, frutas, frutos secos al natural o tostados, verduras y huevo), algún lacteo (muy poca leche de vaca y yogur) y leche vegetal.

Me siento avismalmente mejor que antes de cambiar mi forma de comer y por descontado, estoy mejor físicamente pero la culpa, esa que está grabada a fuego desde muy pequeña, está ahí.

Hay muchas más cosas que nos graban a fuego: que nuestro pelo tiene que ser fuerte y espeso y maravilloso, nuestra piel de porcelana sin un poro abierto y un pelo, nuestro pecho perfecto redondo grande y en su sitio… Y así un largo etcétera de despropósitos que nos mantienen siempre con un profundo descontento con nosotros mismos.

Yo sigo ahí, luchando por aceptar todo eso de mi imperfecto y diferente a lo que nos venden que tiene que ser lo bueno y creo que es un gran reto para todos los imperfectos como yo. ¿Lo lograremos algún día?

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