Kentukis de Samanta Schweblin en Helens Digest blog

Este libro ha llegado a mi vida de forma casual por un colega que conozco del mundo perruno, y no puedo estarle más agradecida por la recomendación y préstamo (gracias querido Alberto). Creo que tardé menos de 24 horas en leerlo, sin exagerar, y es que cuando Alberto me dijo que era un libro que se leía enseguida y que enganchaba, no podía imaginar cuan reales eran esas afirmaciones.

Este es un libro para devorarlo como quien devora un donut fondant después de correr una maratón. Es adictivo desde el primer momento, te hace querer leer más y más sin parar y su redacción y estructura facilita que esto sea posible y que literalmente no puedas parar.

Samanta Schweblin nos adentra en una suerte de realidad futurista (o menos futurista de lo que pensamos) en la que «están de moda» unos graciosos animales de compañía tecnológicos bautizados como Kentukis. Este producto, lejos de ser barato, es poco menos que un lujo para el común de los mortales (como toda novedad tecnológica que se precie), pero da la posibilidad más económica, de ser «el que observa». Me explico:

En este libro dividido en varias historias que discurren de forma paralela, descubrimos ese intrincado mundo que nos plantean los Kentukis, en los que puedes jugar a ser el «Dios» de un muñeco: manejarlo, darle vida y personalidad y convertirte en el perfecto bouyeaur de un desconocido; o bien ser como el concursante de un programa de Gran Hermano, siempre vigilado por ese pequeño animal que vive contigo, sin saber la identidad de quien está detrás de los mandos.

Como podéis imaginar, con este planteamiento las emociones y situaciones inesperadas están aseguradas. De hecho, uno comienza a leer fascinado por este gadget y de una forma muy sutil, que personalmente me he encantado, la autora comienza a colorear los relatos con un matiz sombrío, creepy, emocionante, que te hacen pasar de la fascinación a la inquietud casi sin darte cuenta.

Recomendado 100% para disfrutar de una lectura fresca, original y con un trasfondo claro, que nos hace plantearnos nuestra propia exposición al mundo a través de las tecnologías y al mismo tiempo, las horas que empleamos en asomarnos a las vidas de otros.

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